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Motivos para escribir

Uno escribe porque siente deseos de escribir. Pero dejando de lado las excusas, atengámonos a los motivos por los que usted escribe. MVLL dice que uno escribe porque no está conforme con la realidad que le ha tocado vivir.

Motivo número uno: disconformidad. A alguien que esté contento con su vida jamás se le pasaría por la cabeza crear nuevos mundos a través de la literatura; esto tiene excepciones que confirman la regla. Cuentan que Bryce Echenique perseguía a MVLL por las aulas de San Marcos, allá por los tiempos en que ambos eran estudiantes. Motivo: Bryce quería saber cómo es que MVLL lograba escribir sus historias con tanta facilidad. MVLL no soltaba prenda, y no quería contarle su secreto. Hasta que un día, cansado de que Bryce lo persiguiera, le dijo que probablemente no podría escribir nada, pues la idea de crear nuevos mundos se basa en la disconformidad con la realidad, y como Bryce había vivido toda su vida rodeado de lujos y bienes, qué iba a contar, de qué se iba a quejar, qué vas a contar ¿la vida de los acaudalados?, ¿de los adinerados? Bryce, ante tal respuesta, que al parecer calmó su curiosidad, nunca más lo persiguió. Años más tarde publicaría Un mundo para Julius, una novela sobre la clase alta limeña.

Por supuesto, hay más motivos para escribir. Comentemos algunos de ellos: “Escribo porque quiero ser famoso y ganar mucho dinero”.

Motivo número dos: banalidad. En lenguaje popular diría: amor a los chicharrones y no al chancho. Efectivamente, la fama es uno de esos extraños objetos de los que pocos gozan; y de todos los que lo hacen, no todos lo merecen. Uno no puede escribir y pensar que será famoso de un día para otro por obra y gracia de Dios. Así no funciona este mundo. Esta excusa es el síndrome del relumbrón, del que quiere brillar antes de haber escrito algo. Primero escribe; luego piensa en la fama. El trabajo duro permite alcanzar los mayores logros, y la suerte solo favorece a las mentes preparadas.

“Escribo porque es un hobby”.

Motivo número tres: distracción. Esta excusa es más saludable. Algunos escriben en sus ratos de ocio, donde pueden jugar a gobernar cada uno de sus mundos creados, manipular a sus criaturas tanto como les plazca. No hay presiones, no hay obligaciones. Es solo algo que te gusta hacer y del que podrías, en un futuro próximo, recibir ganancias extras.

“Escribo porque quiero acostarme con muchas mujeres”.

Motivo número cuatro: perversión. Esto tiene algo de Bukowskiano; y alguno que otro poeta que circula por la ciudad en las noches, con su gabardina marrón y su gorrito a lo Neruda, con el cigarro en una mano y su manuscrito o el libro que está leyendo en la otra. El número de mujeres aumentará, qué duda cabe, si es que el aspirante a escritor tiene buena prosa o versos dulces. Pero basándose en motivaciones tan fútiles como esta no creemos que se llegue muy lejos.

“Escribo porque quiero cambiar la realidad de mi país”.

Motivo número cinco: subversión. Tenemos que dejar en claro que lo subversivo tiene en nuestro país una connotación negativa por la violencia vivida la década pasada, pero considerando las partes positivas (y en esta sección se encuentra la literatura comprometida, aquella que se queja, que vocifera por la situación actual) hay libros que denuncian, delatan, que entre líneas describen e interpretan nuestra realidad. Estos libros nos alertan sobre situaciones claramente indignantes; porque cuando hayamos perdido la capacidad para indignarnos, habremos perdido todo.

Existen muchas otras ‘excusas’ para dedicarse a este vano oficio, y como dijimos al principio: uno escribe porque siente deseos de hacerlo, que haya sufrido o no, no es un impedimento o ventaja. Uno debe dedicarse a la actividad que mejor realiza. Como dijo Ribeyro: “Debo hacer lo que sé hacer más o menos bien, lo que me agrada hacer y lo que otros no pueden hacer en mi lugar: escribir mis historias boludas y sutiles, hasta reventar”. 

Y tú, ¿por qué escribes?

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